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Domingo 15 de junio de 2008
Argentina
El alimento no debe ser una mercancía
Por Corriente Praxis

El capitalismo se ufana de tener una imaginación gigantesca. De haber creado necesidades de todo tipo para todas las personas de todas las edades. Creó miles de colores y fantasías, y a cada uno le adjudicó una marca. Y esa marca la infiltró en la vida privada de las personas, la volvió algo indispensable. El sistema logró que la vida de las personas esté al servicio de su propia existencia, que millones de personas otorguen sus vidas al dolor de lo inalcanzable, y a la vida del trabajo. Que miles de millones estén preocupados del último modelo, y no por la miseria, el sufrimiento, la desidia, la crueldad, la barbarie, y la brutalidad que significa el mundo donde vive toda la otra parte de la población, que no puede siquiera acceder al más pequeño de esos productos, que sufre por el hambre, pero que sin embargo le preocupa, o sueña con comprarse, ese último modelo.

La fantasía de la abundancia se aleja a medida que el hambre acecha. La suba en los precios de los alimentos que se han duplicado y hasta triplicado complica la vida de 2.600 millones de personas que viven con dos dólares diarios y gastan el 60 y el 80% de sus ingresos en estos.

¿Por qué no se puede resolver el problema del hambre?

El aumento de los precios de los alimentos en todo el mundo disparó nuevamente el debate sobre el por qué y cómo combatir el hambre en el mundo. Que la alimentación de la gente haya quedado en manos del mercado es la principal explicación de por qué no se resuelve dicho problema. Hoy en Bangladesh, Haití, Paquistaní, Marruecos, Yemen e Indonesia se asiste a revueltas contra el hambre. Esta situación no cayó del cielo. Los cambios en la agricultura a nivel mundial arrancan con la “revolución verde” y atraviesan la propiedad de la tierra y las nuevas tecnologías. El resultado es que seis empresas multinacionales controlen hoy el mercado mundial de alimentos. Las políticas neoliberales implementadas han llevado a países como el nuestro a abrir sus mercados; a ser inundados por productos subvencionados; a producir para el mercado de exportación en desmedro de la producción para el mercado interno; a favorecer la agricultura industrial en gran escala que requiere monocultivos, usos intensivo de agua, fertilizantes y pesticidas, eliminando con esto las economías tradicionales. Estos cambios en la producción y el consumo son el obstáculo principal para eliminar el hambre. En países como el nuestro los subsidios a los pequeños campesinos desaparecieron, así como la investigación y desarrollo sustentable. Esto ha profundizado la condición de mercancía de los alimentos, haciendo presa a los países más pobres de la especulación y de las oscilaciones del mercado mundial, especialmente en una situación de alza de los precios.

¿Por qué aumentan los precios?

Los cambios climáticos que han traído tantas catástrofes en distintos puntos del planeta están participando del alza de los precios. Sequías, ciclones e inundaciones repercuten en la perdida de cultivos haciendo indispensable la importación de alimentos en algunos países y desatando importantes crisis y rebeliones como las antes mencionadas. Pero tal vez el principal elemento que lleva a la suba de los precios y al cambio en el mercado de los alimentos esté siendo la producción de agrocombustibles. Las cosechas de maíz son convertidas en etanol, y las de soja en biodiesel y usadas para llenar los tanques de gasolina de EEUU, Europa y Canadá centralmente. El crecimiento de la demanda de agrocombustibles eleva el precio de esos productos agrícolas e indirectamente el de otros granos, como así también el de las carnes que son alimentadas con productos agropecuarios. También las maniobras especulativas en el sistema financiero con fuertes inversiones desde el mercado inmobiliario en crisis, hacia los mercados a futuro que están empujando un alza artificial de los precios sin que falte oferta. Podemos observar que los alimentos abundan. Contrariamente al sentido común que nos señala que si hay hambre es porque no hay alimentos suficientes. Lo que sucede es que la gran producción de alimento no está destinada a solucionar el hambre, sino a la obtención de mayores ganancias.

Si los alimentos sobran ¿por qué motivo hay 850 millones de personas que pasan hambre?

El punto es que en el momento actual la producción capitalista en el área de los alimentos no está orientada a la alimentación de todos los habitantes de nuestro planeta sino a la obtención de beneficios del agro-negocio, orientado a la alimentación de alto valor agregado de los estratos superiores y medios que pueden pagar y que consumen y derrochan alimentos, y no a satisfacción de los requerimientos de las poblaciones más vulnerables, que lógicamente no pueden pagar por ellos. Mientras millones sufren y mueren a causa del hambre unos pocos grupos dedicados al comercio de granos, semillas, fertilizantes o herbicidas obtienen fabulosas ganancias. Sus nombres: Cargill, Bunger, Monsanto, Dupont Agriculture and Nutrition, Archer Daniels Midland (ADM), Potash Corporation, Mosaic. La agricultura de exportación ha llevado al sinsentido de gente hambrienta en países exportadores de alimentos, como es el caso de Argentina, donde dos millones de personas no comen lo suficiente o comen mal. Este año se producirán 135 millones de toneladas, cantidad suficiente para alimentar a 450 millones de personas. O sea que se podría abastecer a una población 12 veces más grande que la que habita en la Argentina. Sólo queda en el país el 8,3 por ciento de la producción: el resto se exporta.

Soluciones al alcance de la mano

Los levantamientos populares de los que hablamos plantean que los alimentos no deben ser una mercancía y que la vida debe estar por encima del lucro de unos pocos propietarios. Por eso es necesario que el Estado intervenga en el mercado de los alimentos y adopte medidas que vayan contra la lógica de la valorización capitalista en el tema alimentario. Esto implica que debe asegurar alimentos adecuados a todos los ciudadanos, priorizando los estómagos del pueblo llenos, a las billeteras llenas de unos pocos. Una de las medidas elementales que deben adoptarse para controlar de manera eficaz que haya alimentos a precios accesibles es nacionalizar el comercio exterior, eliminando de dicha actividad estratégica a los grandes grupos exportadores, avanzando mucho más allá de las retenciones propuestas. Además se requiere toda una batería de medidas para asegurar la soberanía alimentaria poniendo límites al avance de la soja, lo que implica una reforma agraria que permita la nacionalización de las grandes extensiones de tierra y de los fondos de inversión o pool de siembra para orientar la producción según necesidades alimenticias, así como dar tierra a los campesinos que carecen de ella sobre todo en el norte argentino, un plan agrario que permita alimento barato y de calidad, fomento a los pequeños campesinos, restitución de tierras. Eliminar el IVA a la canasta básica de alimentos y plan social alimentario para familias pobres e indigentes.

Cristina Ponce






Palabras clave

La Corriente Praxis nació en mayo del 2004 como parte de los esfuerzos por desarrollar una nueva cultura política en la izquierda. Fuimos impulsores y participamos de los diversos intentos de ragrupamiento sindical y político, como el Movimiento por la reducción de la jornada laboral, el MIC (Movimiento Intersindical Clasista), el EDI (Economistas de Izquierda) y el Plenario por el Reagrupamiento de la Izquierda y la Revista de América. También participamos activamente en los plenarios de la izquierda internacional del Foro Social Mundial y mantenemos relaciones de amistad con organizaciones políticas internacionales, en particular con el PSOL de Brasil y La Marea Socialista de Venezuela. También hemos apoyado y participado del espacio de la Nueva Izquierda junto al MST, Pueblo Libre y al Bloque del Sur de Héctor Bidonde, que en 2007 colocó como legisladora en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a Patricia Walsh.

Nuestros esfuezos están dirigidos al fortalecimeinto de los movimientos sindicales, sociales, campesinos y estudiantiles y a la tarea de construir en confluencia con otras corrientes y tradiciones , una herramienta política anticapitalista, antiimperialista y socialista enraizada en las masas. En concordancia con dichos esfuerzos estamos convencidos que es necesario aportar teóricamente a la renovación del ideario socialista, superando el dogmatismo, el sectarismo y la autoproclación y recuperando las banderas de la izquierda en un proyecto emancipador y democrático que relance en nuestro país y en el continente el combate por un horizonte socialista.

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