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Viernes 13 de marzo de 2009
Plebiscito en el subte. Un triunfo de la democracia sindical
Por Nazareno Mujica
El cuerpo de delegados del subterráneo se formó en el año ’96, con tres delegados y debutó ante el fallido intento de despido de Contreras en el ’97, elevando su número a cinco delegados. En el año 2000 el sector antiburocrático ya era mayoría.

En aquellos años Machinea, López Murphy y Cavallo, cada uno con una diferente batería de medidas ortodoxas exigidas por el FMI y el Banco Mundial, aceleraban el inminente final del gobierno de De la Rúa y de más de 10 años de neoliberalismo. Entre tales medidas no podemos dejar de señalar la flexibilización laboral, cristalización ominosa de la precarización institucionalizada y la corrupción estructural en el parlamento. Pero los días estaban contados para un modelo donde pobreza y exclusión eran el reverso de la moneda de la absoluta mercantilización de todos los planos de la realidad social, que había dejado a inmensas mayorías sin acceso a aquellos derechos que, desde el primer gobierno de Perón, eran bienes universales garantizados por el estado. Algún día esa bestia tenía que morir y su sepulturero fue una creciente fuerza social que se arremolinaba en las clases populares, con su núcleo irradiante en las organizaciones de desocupados que ponían el cuerpo y le decían basta a diez años de derrotas y retroceso, mostrando así una alternativa frente a una cultura de egoísmo y resignación que atravesaba también al conjunto de las clases oprimidas.

Los delegados del Subte se organizan y dan pelea

El cuerpo de delegados de base del subterráneo será parte de esa marea que desembocó en las memorables jornadas de diciembre de 2001 y parte destacada del sector más avanzado de los trabajadores sindicalizados como los docentes y estatales del interior y la provincia de Buenos Aires, junto a las fábricas recuperadas y a las organizaciones piqueteras, en aquel reverdecer de las masas. Fue el sector que desde el año 2004 inauguró una serie de conflictos por la reducción de la jornada laboral primero y por el aumento de salarios después, que fueron testigos de una recomposición modesta pero real de las luchas sindicales en nuestro país que además se basaba en la democracia sindical, gracias a los cual fue llamada por los medios de prensa como el “Nuevo Sindicalismo de Base”. Sin embargo, o justamente por ello, este cuerpo de delegados debió soportar, desde su nacimiento, una total falta de respaldo de parte de la UTA a todas las medidas que habían sido decididas democráticamente en asambleas, o peor aún, todo tipo de violencia como amedrentamientos, persecuciones y agresiones físicas como fueron los hechos de público conocimiento en la estación Congreso de Tucumán cuando se dio inicio al plebiscito para la formación de un sindicato propio o cuando la UTA intentó, en agosto del año pasado, expulsar a los delegados, cuestión que el Ministerio de Trabajo impidió. Estos elementos nos permiten observar las enormes dificultades que tienen los trabajadores de conjunto para tener una representación democrática en los sindicatos, tal y como está dada la relación de los sindicatos (sobre todo, claro está, la CGT) con la clase trabajadora. Aun contra la sostenida hostilidad del sindicato contra la representación democrática de base de los metrodelegados, éstos ha tenido enormes logros desde su formación: 1 - La estabilidad laboral (hace más de 10 años que no hay despidos en el subte). 2 – Recuperación de la jornada de trabajo de 6 horas de trabajo por insalubridad, que se había perdido cuando se privatizó el servicio. 3 - Terminó con el fraude laboral que implicaba la tercerización de sectores. 4 - Frenó el abuso patronal y mejoró sensiblemente las condiciones de trabajo. 5 - Creó 1500 puestos de trabajo. 6 - Mejoró significativamente la capacidad adquisitiva del salario. Después del fracaso que implicó el intento de expulsión de los delegados en diciembre último, el sindicato llamó a elecciones truchas, realizando un escandaloso fraude electoral donde votaron en su gran mayoría personas ajenas a Metrovías y se violaron los estatutos de la propia UTA.

Por un nuevo sindicato

Agotados todos los espacios en el sindicato, los trabajadores del subte sintieron la necesidad inaplazable de contar con una herramienta gremial propia que les permita continuar con la práctica sindical democrática, pluralista y participativa que vienen llevando adelante desde hace años y que les permitió revertir las duras condiciones de trabajo impuestas por Metrovías. Esta determinación se tomó en base a las facultades que brinda la legislación vigente (Ley Nº 23.551 de Asociaciones Sindicales), el reciente Fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y del Convenio Nº 98 de la Organización Internacional del Trabajo sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva, que avalan la posibilidad de crear por parte de los trabajadores su propia organización sindical. Dentro de este marco legal y político, los metrodelegados decidieron lanzar la campaña para la formación de un nuevo sindicato que se efectuó entre los días 5 y 12 de febrero por medio de un plebiscito. Un compañero del subte definía la campaña por el sí con una excelente síntesis: “decile sí a un sindicato de base, decile sí a la libertad sindical, decíle si a las asambleas”.

Las cifras de un triunfo

Los números no son siempre una expresión cualitativa, no siempre tienen la textura necesaria para poder aprehender profundamente lo que detrás de ellos late. Sin embargo los resultados de las elecciones del plebiscito son inapelables. El ejercicio de la democracia, la cultura de la discusión asamblearia, son la base ética de este cuerpo de delegados que busca cristalizar su legitimidad en un sindicato verdaderamente representativo. Y los compañeros trabajadores de todas las líneas, por afano, decidieron esto:

Datos finales del plebiscito en las Líneas A, B, C, D, E, H y PM

Fecha Línea Padrón* Votos SI % NO % B/I 10/2 A 612 371 370 99.8 1 0.2 0 9/2 B 657 447 439 98.2 5 1.8 3 11/2 C 432 260 259 99.6 1 0.4 0 5/2 D 609 348 343 98.6 5 1.4 n/d 6/2 E y PM 434 266 262 98.5 3 1.5 1 12/2 H 203 104 101 n/d 3 n/d 0 Totales X 2.947 1.796 1.774 98.8 18 1 4

*Aproximadamente el 20% de los trabajadores se encuentran a la fecha gozando de su Licencia Anual

Todos los plebiscitos han contado con la presencia fiscalizadora de una Escribana quien certificó la validez del acto. Además, han sido presenciadas por diferentes representantes de la clase política, organizaciones de Derechos Humanos, agrupaciones gremiales y personalidades de la cultura. ¿Unidad, qué unidad? El reciente fallo de la Corte Suprema generó un interesante debate en torno a si esta nueva posibilidad de que delegados no afiliados al sindicato con personería gremial pudiera favorecer a los trabajadores o, en cambio, iría a generar una mayor fragmentación. Desde la CGT, Héctor Recalde se opuso a la medida con los viejos argumentos de la unidad. El argumento central es que esta medida iba a permitir la formación de sindicatos amarillos por empresa manipulados por las patronales, lo que restaría poder de negociación (y poder a secas) a la clase trabajadora frente al poder del capital, a quien se le enfrentaría una miríada de sindicatos sin peso ni unidad. Es un peligro real, pero no es un problema de formas sino de contenidos, pues fue bajo esta modalidad de sindicatos centralizados que se llevaron adelante las reformas estructurales de los ´90 que tuvieron la virtud de llevar la participación de los trabajadores en la renta nacional de mas de un 50% antes de la dictadura, a un 30 % a fines de los noventa. La fragmentación de la clase trabajadora se dio como hecho de la realidad bajo la modalidad tan cara a Recalde y la cúpula de la CGT del monopolio sindical, lo que posibilitó el violento avance del capital en todos los terrenos. Esto demuestra que las instituciones no son entes abstractos siempre iguales a si mismos, sino el resultado de relaciones de fuerza. Un análisis correcto de estas cuestiones no puede soslayar su complejidad para superar así los doctrinarismos y ver las ventajas y los peligros reales que puede generar ese cambio de paradigma en la organización sindical. Desde la Corriente Praxis apoyamos esta medida porque consideramos que abre la posibilidad de que nuevos sectores democráticos, pluralistas y combativos de base puedan hacerse oír, cosa absolutamente vedada en este modelo sindical verticalista y burocrático predominante en la CGT cuya representación abarca a la mayoría de los trabajadores sindicalizados de los sectores estratégicos de la economía. En los hechos, en muchos sindicatos y gracias a las modificaciones estatutarias de los años noventa, el monopolio de la representación sindical se complementa con la imposibilidad casi absoluta de competir con fortuna por la conducción del gremio. Las trabas legales y estatutarias, la cantidad de delegados y representantes gremiales que se necesitan para conformar una lista opositora, hacen prácticamente imposible en determinados gremios desbancar o siquiera hacer un contrapeso y hacerse oír en un sindicato. Lo mismo sucede en las Uniones, donde si se gana una seccional no posee ninguna autonomía y depende de los fondos nacionales, sufriendo constantemente la asfixia a que la somete la Unión. Un peligro potencial como es la fragmentación sindical en pequeños gremios, no puede impedir el apoyo y la utilización de medidas como el fallo de la Corte, que permiten combatir la fragmentación y la burocratización reales que hoy sufren los trabajadores. Ese es el caso de la UTA y por eso la opción a un nuevo sindicato del subte es un paso adelante en la democratización y recuperación de las organizaciones obreras. Por otro lado no hay que dejar de mencionar que esta medida puede contribuir a construir nuevas opciones para los trabajadores. Nuevos sindicatos combativos y con base de apoyo en el lugar de trabajo pueden ser formados y nucleados tanto al interior de la CTA como permanecer de manera independiente, pero fieles a las bases y basadas en estatutos democráticos, donde las opciones, los debates y las decisiones de las bases sean reales. Por otra parte permite la acumulación gradual y progresiva de una nueva cultura de participación sindical, y sin dudas política, que ayude a la clase trabajadora a reconstruir una conciencia dislocada por décadas de brutal neoliberalismo, una conciencia (y una práctica) más activa, mas democrática y, por qué no, anticapitalista.



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    Plebiscito en el subte



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